5º Imaxina Sons 09 Imprimir Correo electrónico

Vigo, 25 de junio al 5 de julio de 2009

Con cinco años sobre sus espaldas el Imaxina Sons (Festival de Jazz de Vigo) ha celebrado ya suficientes conciertos como para poner de manifiesto que el riesgo, si se hace con cabeza, tiene su recompensa (se lo dice un aficionado al paracaidismo). Prueba de ello ha sido el interés mostrado por el público vigués en una edición que cumpliendo su máxima, la de programar jazz de músicos europeos con contrastada valía artística, ha tenido el listón muy alto.

 

 
  Abe Rábade
Cuesta imaginar que abunden los conocimientos sobre el jazz europeo de vanguardia en una ciudad como Vigo, difícil pensarlo de cualquier ciudad española. Es por esto que sorprende más la visión de formidables colas de público sin entrada y buscando asiento para recitales exigentes como el del pianista Agustí Fernández y su enérgica exploración de nuevas sonoridades del piano; o la visión del guitarrista Fred Frith dirigiendo la Orquesta de Música Improvisada de Galicia (OMEGA), espectáculos ambos que el que escribe no tuvo posibilidad de escuchar pero sí la tuvo de recoger el eco que dejaron en diferentes lugares de la ciudad, en forma de cometarios que casi borran de la memoria el paso por el festival de Charles Lloyd y su trío con Jason Moran a la cabeza. Sí pudieron ver mis ojos a esa misma gente expectante y mis oídos registrar la calidad de la música de Marc Ducret (al que sólo conocía de sus colaboraciones con Tim Berne). Ducret confía en su estado de ánimo para afrontar un concierto en el que compone a la velocidad del impulso cerebral pues el guitarrista considera la improvisación como una composición tocada muy rápidamente y que deja poco espacio para la corrección.

Sorprendentes fueron las propuestas de Andreas Willers y de Lucas Niggli, las dos portentosas, las dos expuestas, las dos fibrosas y, sin embargo, muy diferentes. En la formación Montauk de Willers, la
 
                         Andreas Willers
connivencia del violín de Dominique Pifarély y el violonchelo de Alain Grange produjo algunos de los mejores instantes del festival. Lucas Niggli por su parte proporcionó uno de los conciertos que más y mejor abarcan la filosofía del festival: coherencia y desconcierto a partes iguales. Los solistas de este grupo que se integra y desintegra a partes iguales, estaban encabezados por la impresionante fuente de energía del contrabajo de Barry Guy, y destacaba el siempre sugestivo trombón de Nils Wogram dejándose sentir entre los “huecos a rellenar” de los cuidadísimos arreglos del baterista-lider.

Lo pasmoso de estas propuestas fue en detrimento de otras formaciones más tradicionales. Y así lo pagaron agraciados grupos como el CMS Trio (Javier Colina, Marc Miralta y Perico Sambeat), que no pasaron de estar correctos, cuando en otro festival estarían formidables; o el septeto (octeto con la incorporación repentina de la guitarra de Virxilio DaSilva) de Abe Rábade, con una maravillosa puesta en escena, y unos arreglos nuevos, de belleza tan disfrutable como ahora previsible.


  Lucas Niggli
En otro orden de cosas el Projecto Zappa del grupo portugués Low Budget Research Kitchen consiguió las máximas calificaciones arrastrando a un público entregado a los complejos vaivenes de la música del guitarrista y a los distraídos solos y divertidas danzas del saxofonista Napoleon Murphy Brock.

La representación gallega muestra el consolidado momento de toda una generación de buenos músicos con la presentación de dos proyectos muy dispares, el cuarteto de Pepe Evangelista y el Last Minute Experience de Carlos López.
Y entre tanta buena música el proyecto de Omar Sosa quedaba fuera de lugar, tardando demasiado en despertar a un público en todo caso dispuesto a bailar lo que le echasen, aunque fuese una inclasificable amalgama de ritmos “afros” sobre los que el cubano deshacía sus exhibiciones pianísticas, dejando el resultado muy por debajo de la calidad de lo programado en este festival.

 
  Vienna Art Orchestra
Para el final dejo el postre. La puesta de largo del último micro-universo de la Vienna Art Orchestra. Referencia a la “tercera corriente” unión del jazz y la clásica, Third Dream es un hermosísimo trabajo de composición de Mathias Rüegg, director de la VAO. Tras año y medio de preparación, el responsable de esta magnífica banda ha conseguido jugar con las texturas de la música de cámara, dejando de lado la batería (esta formación derrocha suficiente swing como para no necesitarla), sustituyendo saxofones por  fagot, oboe, clarinete y flauta, e incorporando dos violines, una viola y un chelo que aportan unas posibilidades infinitas de colores sonoros magníficamente aprovechados en pasajes de extrema belleza. Un trabajo serio, más de lo habitual, cuyo registro en disco estamos deseando tener todos cuantos acudimos a escucharlo.
Imaxina Sons, festival en alza en época de crisis. Gracias por darnos esperanzas.
 
Texto: Alejandro Cifuentes
Fotos: Abe Rábade, Lucas Niggli y VAO: Janite
Foto: Andreas Willers: Alvaro Vaquero
© Cuadernos de Jazz, 2009