Agustí Fernández Liquid Trio & Joe Morris Imprimir E-mail

Festival Grec: Teatre Lliure – Espai Lliure
Barcelona, 14 de julio de 2013

 

Leyendo un par de días después del concierto un destacado del mismo en el programa del Festival Grec que lo acogió, encuentro: “gran sesión de jazz improvisado internacional”. En fin, no voy a desmontar un siglo y pico de publicidad, pero sí corregir algunas percepciones que tienen ciertos publicistas, lo cual podría servirles para enfocar mejor, ya que, a fin de cuentas, durante el concierto hubo algunas deserciones, gente que tal vez creía que iba a ver “gran jazz improvisado internacional”.

 

La mayor parte de la gente interesada en la improvisación ya sabe de estas (ineludibles) citas, así que quizá sea mejor dejar las rimbombancias a un lado. Aparte, no estaría de más recordar lo que postulaban algunos cineastas de los 60 a cerca del lenguaje que usamos para referirnos a las cosas: si para hablar de la vanguardia vamos a usar términos y esquemas propios de la convención, no sé entonces qué ganamos.


Hecho el preámbulo, vayamos a la cosa. La impresión más clara que obtuve del concierto fue, en general, que los cuatro músicos que teníamos enfrente tenían muchas ganas de tocar juntos, de compartir sus conocimientos (entre ellos y con nosotros), de mostrarse tal y como son, y de participar de esa rara magia que resulta de la práctica de la improvisación libre (magia que, por otra parte, no siempre hace acto de presencia). Y eso lo traslucía la misma forma de la sesión: improvisaciones ni muy largas ni muy cortas, normalmente tomando una línea que desarrollaban hasta agotarla, y prácticamente siempre tocando los cuatro a la vez (se formaron pocos subgrupos, un par de dúos, guitarra/saxo y piano/batería, y poca cosa más). Todo esto podría interpretarse de muchas maneras, pero en este caso nos estaba mostrando, a mi juicio, esa impulsividad, esa acometividad algo frenética. Una sesión en la que se emitieron sonidos más bien duros, aunque hubo algunos remansos de tranquilidad (especialmente abriendo o cerrando las impros).


Entre ellos cuatro, no todos se conocían. Agustí Fernández era el vector que los unía. En los últimos tiempos ha tocado frecuentemente con Joe Morris (ahí han quedado referencias discográficas como Ambrosia o From the Discrete to the Particular), y entre ambos se intuye una buena sintonía, una buena compenetración. Por su parte, con Albert Cirera y Ramón Prats, o lo que es lo mismo, el Duot, la relación viene de largo. Ambos fueron alumnos de Fernández en la ESMUC de Barcelona, y además de encontrarse más de una vez en los escenarios de la capital catalana, hace un par de años pusieron en movimiento el Liquid Trio. Ellos son sus tres miembros centrales, aunque alguna vez hacen alguna ampliación a quinteto, como en la reciente residencia del pianista en la sala Jamboree. Ese día se les unieron el trompetista Julián Sánchez y el contrabajista Johannes Nästesjö. Quería apuntar estos datos para indicar que aunque nunca habían tocado juntos los cuatro, entre ellos sí hay una estrecha relación vehiculada a través de Fernández.


Podríamos hablar un poco de los músicos. Por ejemplo, de la fiereza de Cirera –especialmente con el tenor–, de su convicción de aprovecharlo todo, cualquier sonido que queda flotando, va a aprovecharlo, lo va a estirar hasta darle alguna nueva utilidad (¿un saxofonismo sostenible?). O de Morris y su carácter único, con su toque mental, lleno de meandros y círculos que no se cierran, un guitarrismo que se enmaraña en sí mismo, en la personalidad de su autor. De Fernández, del nivel al que ha llegado gracias a su extremo gusto y sensibilidad, a su elegancia a la hora de tomar opciones siempre difíciles, siempre arriesgadas, pero siempre de gran belleza. Y, finalmente, de la determinación y fuerza de Prats, que viene desarrollando desde hace años una forma de tocar la batería que, sin pretender dejar de ser un baterista, adquiere el estilo y las posibilidades de otros instrumentos con más posibilidades (y repito, sin pretender nunca hacer otra cosa que no sea tocar la batería).

 


Es cierto, podríamos hablar de todo esto para tratar de acercarnos a lo acontecido pero, aún y así, ello no serviría para referirnos con exactitud a la música que vibró la otra noche en el Espai Lliure. Pues, no se trata de la suma de esas partes, aunque naturalmente en el resultado estén estas cosas de las que hablamos, sino de algo que es más difícil de imaginar. Y eso vuelve a traernos la cuestión que se apuntaba en el primer párrafo, y es esa dificultad que entraña hablar de este tipo de música improvisada que algunos llaman libre, y que en todo caso es toda una experiencia artística difícil de transmitir con palabras (y mucho menos de reducirla a ellas).


Nota. Y ahora, una imagen de despedida cuya conclusión tal vez sería más apropiada como eslogan publicitario de la sesión comentada. En una vieja mala película de catástrofes, una escena mostraba a un grupo de gente atrapada en el fondo de un canal seco. A su alrededor, rebotando sobre el lecho, cabos de cables de alta tensión soltando terroríficos chispazos. Mientras se contempla eso, se sabe que lo peor es la venida de aguas que se aproxima y que si no hay algo que lo impida, ahogará a los personajes electrocutándolos. Una inundación eléctrica.


Formación: Agustí Fernández (piano), Joe Morris (guitarra), Albert Cirera (saxos tenor y soprano), Ramon Prats (batería).

Texto: Germán Lázaro

Fotos: Joan Cortés

© Cuadernos de Jazz, julio - 2013