Cuestión de validez Imprimir Correo electrónico

Por Carlos Tejeda
Hasta hace unos pocos años, era la opinión especializada de los medíos de comunicación la referencia de las novedades discográficas, literarias o cinematográficas, aparte de los comentarios y recomendaciones que cada uno recibía de sus amistades. Algo que parece haberse transfigurado desde hace algunos años con esa herramienta global de manejo sencillo y sin coste alguno llamada blog.

 

 Y si muchos autores y críticos poseen el suyo, sea de manera personal o dentro de una publicación digital, no son muchos menos los particulares a los que el blog ha proporcionado una ventana virtual al mundo en la que poder plasmar sus ideas sin tener que pasar por ese dificultoso proceso de la publicación en papel. Y con ello surge la controversia, cuando parece diluirse la figura del especialista en ese maremágnum que converge en la red porque, al fin y al cabo, todo el mundo puede opinar sobre arte. Nada nuevo, ya que hace bastantes años, y por dar un ejemplo, conocí a un médico que no sólo pintaba en sus ratos libres sino que además sentaba cátedra en las clases particulares que impartía sobre pintura.


No cuestiono la opinión en sí porque la obra artística emite unas sensaciones que cada uno recibe e interpreta a su manera. Sino tan sólo la validez de dicha opinión que en muchas ocasiones viene impregnada por una falta de cualificación, de conocimiento. Y más hoy en día cuando las humanidades se marginan a un segundo plano, incluso desde el propio ámbito universitario, en beneficio de la creación de “obreros” titulados a imagen y semejanza de las necesidades del consumo. Lo paradójico es que al mismo tiempo vivimos en una época en la que se organizan innumerables actividaes culturales. Hasta el pueblo más pequeño tiene su festival. Afortunadamente.

A todo ello se suma la enorme información que se vuelca diariamente en Internet y que obliga a la selección. Quizá ahí resida una de las claves de la cuestión: en tener el suficiente criterio para saber escoger los contenidos. Algo para lo que también son fundamentales la educación en la escuela y el ámbito familiar. El arte, la música o la filosofía deben de ser tan importantes como las matemáticas, la física o la informática. Mientras no lo asimilemos, seguiremos encaminados hacia algo parecido a aquello que Huxley describia en Un mundo feliz.

Sea como fuere, al final, uno acaba restando importancia al infinito número de blogs y webs que se generan porque va adquiriendo la costumbre de frecuentar aquellas firmas que más le interesan.Y arriba, en el menú “links”, se hallan unos cuantos que sigo con asiduidad.

Pero tampoco me olvido de un amigo mío que, aunque desarrolla sus quehaceres profesionales en otro ámbito, es un profundo conocedor de la música. Tenemos la costumbre de prestarnos nuestras novedades discográficas. Su opinión es para mí una valiosa referencia, aunque en ocasiones no compartamos ciertos gustos. Por cierto, ambos estudiamos una carrera de humanidades.
© Cuadernos de Jazz, 2010