La música no escrita de Butch Morris Imprimir Correo electrónico

En el club Nublu de Nueva York, durante todos los lunes del mes de julio, Morris está presentado diferentes formaciones con las que introduce al público en la forma de dirigir su música según el concepto que viene desarrollando desde hace veinticinco años.

 

El club del East Village es el escenario elegido: “Conduction” nombre con el que Butch Morris denomina su sistema y que no tiene traducción directa en español, “son una serie de señales y gestos mediante los que dar a los músicos las direcciones a seguir, tales como ‘repetir’ o ‘sostener’. Esas directrices crean una estructura, un marco, al que los músicos proveen de contenidos”, explica Morris. Ha venido desarrollando este sistema desde hace más de veinticinco años y con una variedad de formaciones que oscila entre los grupos de nueve miembros hasta orquestas de 25, todo ello sin música escrita.
 
Butch Morris vive actualmente en el East Village y cada lunes de julio dirige a la NuBlu Orchestra, la cual, aparte de su nombre estable, es una formación que cambia cada semana. Para la última cita iban a ser nueve los músicos que se unirían al director: cuatro percusionistas, un contrabajista y cuatro vientos. “Los guitarristas nunca vienen”, comenta el director. Pero no importa porque cada noche, incluso cada set es diferente y el oyente nunca sabe cómo va a sonar.

El sistema consiste en que el director se reúne con los músicos 15 minutos antes del concierto para repasar con ellos lo que significan los movimientos de sus manos y lo que él quiere de ellos. Pero enfatiza que la auténtica creatividad surge de aquello que los músicos producen. Pero también advierte de que la experiencia no es algo que se deba tomar como “apta para todos”. No es exactamente una improvisación ni tampoco una jam session: “Generalmente tengo que sacudir el cerebro de cada uno para que piensen de forma diferente. Hay muchos músicos que  creen que pueden venir e improvisar a su aire pero eso no funciona en esta idea”, dice también Morris. Lo que se requiere del músico es máxima concentración y sus ojos bien puestos en el director.

El próximo mes Butch Morris viajará a Corea e Italia para llevar a cabo diferentes workshops y dirigir varios conciertos. Lo primero que encontrarán los músicos que vayan a trabajar con él es que no tendrán ni atriles ni partituras, no habrá música escrita. En septiembre volverá a Nueva York: del 8 al 12 de ese mes, en el Whitney Museum, presentará su trabajo de dirección con un octeto de cuerda y un coro de poetas.
© Cuadernos de Jazz, 2010